AÑORANZA DE LA PIEL DE GALLINA

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«Vendo mi alma. Absténganse el diablo, curiosos y bromistas». A continuación un número de móvil. No soy el diablo y tampoco bromista. Soy curioso y me sentía capaz de disimularlo. Así que llamé. Saltó el contestador y sonó una voz de mujer. Le dije que me interesaba su oferta. Vocalicé cuidadosamente mi nombre y número de teléfono y colgué. Más tarde recibí una llamada suya. Nos citamos en una cafetería. Para hablar de negocios.
Llegué unos minutos antes y me aposenté en una mesa que quedaba abrigada en un rincón, desde la cual obtenía una buena perspectiva del local. Tendría unos cuarenta años, era morena y un pañuelo de seda rojo –nuestra contraseña- envolvía su cuello. Se sentó frente a mí y pidió un café. Yo estaba tenso; ella aparentaba tranquilidad. Ambos dejamos que el silencio envolviera la taza y la cucharilla que removía el azúcar. Tras un pequeño titubeo fue al grano.
– El precio son cien mil euros.
No esperaba en absoluto que fuera tan directa. Siguió:
– Por supuesto, mi alma será tuya el día en que yo me muera, nunca antes. El pago es en efectivo- añadió.
Yo escuchaba con atención, pero como en un sueño.
– Como comprenderás- dijo- no estoy dispuesta  a regatear el precio de mi alma. Por otra parte, no quiero saber cuáles son las razones de tu compra.

Deduje que no era el primero en negociar con ella. A saber cuántos curiosos como yo ya atendió. Escogí bien mis palabras, quería cualquier cosa menos su desconfianza, y le expuse:
– Supongo que imaginas que es una compra que en mi vida pensé hacer.
Me miro y asintió. Seguí:
– Ni siquiera estoy convencido de la existencia del  alma.
– Te entiendo -terció- pero debes saber que si yo tuviera tal certeza, el precio sería muy superior, tal vez ni siquiera la vendería.
Me pareció razonable, era una mujer con sentido común. Me gustó. Me di cuenta que el encuentro tocaba a su fin y ya empezaba a añorarla.
– En caso de existir, claro, ¿Puedes darme alguna pista de cómo es tu alma? – me atreví a preguntar.
Me miró fijamente a los ojos y silabeó:
– Aquí la tienes.
En mi interior se revolvieron la suspicacia de que me estuviera tomando el pelo y la extraña sensación de estar observando el fondo de un pozo desde el brocal.

Los días siguientes quedaron recubiertos de una pátina cuyos ingredientes eran la duda y la incomodidad. La prudencia repetía una y otra vez “¿para qué demonios quieres un alma de propiedad para toda la eternidad?”. Sin embargo, no podía dejar de pensar en ello.
Cedí a la evidencia: Guadalupe había colonizado mi pensamiento. La cité en mi casa y le entregué el dinero. Ella parecía turbada y frágil. Hablamos poco, pero entreví una rendija para invitarla al cine. Rechazó la cita con una determinación inesperada. Solicitó mi correo electrónico y me dijo que cada mes me llegaría un mail suyo.
– Si un mes no te llega, significa que ya está a tu disposición- remató.
Ya en la puerta, me exigió que jamás me pusiera en contacto con ella.
Con cadencia maquinal recibía mensualmente la notificación de Guadalupe que certificaba su presencia en el mundo de los vivos. Llegaban incluso cuando yo ya no era capaz de leerlos, pues fallecí al poco tiempo, víctima de un accidente.

II
Nevaba y los copos me atravesaban; me movía y no dejaba huella tras de mí. Un estado de arrobamiento perenne era mi divisa. Las migraciones son eventos que las almas tenemos incorporadas en nuestro ADN, así que, al expirar el cuerpo que nos sostiene, iniciamos un largo recorrido a otros mundos; no me pregunten a dónde, cómo, ni por qué, puesto que, además de no saberlo, es algo que no tiene la menor importancia. Escabullí mi destino y mi éxodo no me llevó a otro lugar que a la casa de Guadalupe. Era el lugar adecuado donde esperar su muerte. Deambulaba por los alrededores, me detenía frente a una planta y observaba cómo crecía el tallo que más tarde sostendría una flor, la cual, tras un fugitivo esplendor, comenzaría su ocaso. Quietamente observaba durante semanas y meses dicha transformación. El tiempo es algo inexistente para las almas, un segundo no es muy distinto a un año o mil años. Otras veces me instalaba en el porche de su casa para verla en sus idas y venidas. Fueron años de contemplación, de espera sin asomo de urgencia.

Captaba el paso del tiempo en su rostro afilado y en su cuerpo enjuto que se encorvaba. Una tarde al pasar por mi lado se paró sin pararse y dijo, dirigiendo su mirada adonde yo me hallaba, ya falta poco. Raras cosas son capaces de asombrar a un alma, una de ellas es ser vista. Eso es lo que descubrí en ese momento: sabía de mí, me habló y yo deseé tener un traje de carne para sentir la piel de gallina.
Tardó poco más de una semana en estar a mi lado, abandonada por su cuerpo.  Allí estábamos uno al lado del otro, parecíamos dos aprendices de la vida de las almas, pero era una falsa impresión puesto que no hay misterios para las almas, por la sencilla razón de que no nos interesan las preguntas. Partimos; juntos iniciamos la migración, suave, fluida, silenciosa.

Sucedió de improviso, con la enjundia de lo obvio. De lo casual a la par que previsible, como la noche que sigue al día. Yo lo supe antes que ella, desde el día de mi muerte. Lo mismo que descubrió ella en la suya: los enredos y los trueques de la vida carnal, son poco más que eso, componendas que visten, distraen o dan sentido al devenir; que acompañan el aleteo de los parpados hasta su descanso definitivo. Ambos compartíamos ese conocimiento. Y llegado el momento, ella decantó su recorrido para seguir su camino en solitario. Me quedé solo. Así es: las almas también estamos solas; y de nuevo deseé recuperar por un momento mi envoltura de carne para echarme un trago entre pecho y espalda. Me senté en un recodo de la eternidad y miré muy a lo lejos el sol que había calentado mis huesos. Decidí demorarme unos eones para ver declinar lentamente su fulgor; para presenciar cómo quedamente se apaga y emerge la piedra oscura que ha cobijado sus llamas.

Josep Devesa

4 Responses

  1. Lluís
    Oct 28, 2013 - 10:05 AM

    Com en un conte de Cortazar, ganes de tornar a banyar-me en el teu relat.

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    • pep
      Nov 05, 2013 - 02:26 PM

      Celebro que les aigues del relat et siguin plaents
      pep

      Reply
  2. Maribel
    Nov 02, 2013 - 05:01 AM

    Fantàstic conte!! m’he quedat amb les ganes de viure més plenament el present, la pròpia «piel de gallina».

    Reply
    • pep
      Nov 05, 2013 - 02:31 PM

      Gràcies Maribel! el teu comentari em mostra més cares del conte

      Reply

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